Juan Chiummiento Kassabian, periodista rosarino distinguido del otro lado del mundo

El periodista Rosarino Juan Chiummiento Kassabian obtuvo un reconocimiento en el marco de un certamen internacional organizado por el gobierno de Kazajistán.

El periodista rosarino Juan Chiummiento fue distinguido por el gobierno de Kazajistán, en el marco de un certamen mundial que premia artículos publicados por medios extranjeros sobre ese país.

Chiummiento visitó Kazajistán durante 2017, dentro de un viaje de 7 meses por la región de Asia Central que incluyó visitas a Irán, Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Tayikistán, Kirguistán y Uzbekistán, entre otros destinos.

«Antes de visitar Almaty, la principal urbe de Kazajistán, me puse en contacto con el embajador en Brasil, que tiene jurisdicción sobre Latinoamérica. En ese momento él me facilitó algunas cuestiones allí, y a la vuelta de mi recorrido me comentó sobre el concurso», relató el periodista, quien recibió la feliz noticia esta semana de parte del representante diplomático.

El certamen -que lleva ya cinco ediciones y tiene por título «Kazajistán a través de los ojos de la prensa extranjera»- incluyó cinco premios, uno por cada continente. El rosarino fue galardonado en la categoría «América» por una crónica sobre Almaty, ciudad que está en proceso de hermanamiento con Rosario a partir de gestiones que lleva adelante el Centro Cultural de Kazajistán en nuestra localidad.

«Algunos la llaman la Nueva York de Asia Central. Aunque puede sonar algo exagerado, lo cierto es que parece una ciudad que no tiene nada que envidiarle a otras, con avenidas amplias, frondosos bulevares y grandes espacios verdes. Si bien hay mucho tránsito el respeto por el peatón es sensacional», describió Chiummiento.

Ya de vuelta en su ciudad natal, el periodista hoy participa en diversos medios de comunicación. Durante su viaje colaboró con la revista digital Conocedores y el suplemento Mirador Provincial del diario Clarín.

Una semana en la urbe más vibrante de Kazajistán

ALMATY, LA HERMANA ASIÁTICA DE ROSARIO QUE LO TIENE TODO

Ambas ciudades sellarán un acuerdo con el objetivo de fomentar el contacto humano y las conexiones culturales. Será el primer enlace de este tipo entre municipios de Latinoamérica y Asia Central.

La llegada del otoño no pasa desapercibida en Almaty, el centro urbano más importante de Kazajistán. Los colchones de hojas tiñen sus calles de amarillos, ocres y naranjas, mientras que de fondo la nieve empieza a ganar lugar en lo alto de las montañas. Empiezo a comprender por qué la llaman “La ciudad de los mil colores”, aunque mi estadía de una semana demostrará mucho más que un slogan publicitario. Sus amplias avenidas, frondosos bulevares y numerosos espacios verdes la transforman en una localidad con la escala justa, de esas en las que da gusto cansar las piernas de tanto caminar.

La llegada de Mirador Provincial a estas tierras se da meses antes de que Rosario y Almaty concreten el primer hermanamiento en la historia entre municipios de Latinoamérica y Asia Central, en un proceso que tiene por objetivo fomentar el contacto humano y los enlaces culturales (ver aparte).

Habitada por 1,7 millones de personas, Almaty es el centro cultural y financiero del país: en ella se concentra la mayor cantidad de espectáculos, universidades, hoteles y restaurantes de toda Asia Central. “La gente sueña vivir aquí”, afirma nuestra guía, mientras nos muestra dos de los principales orgullos locales: la pista de patinaje sobre hielo Medeu y el cerro Kok Tobe, ambos construidos en tiempos de la Unión Soviética.

El tutelaje de los rusos no solo se dio en el siglo XX. Bajo el reinado de los zares, en 1844, se construyó el fuerte alrededor del cual se desarrolló la actual metrópolis. Y fue por ese entonces que se impuso una medida cuyos resultados se disfrutan en el presente: cada habitante estaba obligado a plantar 2 árboles (preferentemente frutales). Actualmente, la ciudad cuenta con 1,5 millones de ejemplares, casi una unidad por habitante (en Rosario, por caso, esa cifra no llega a la mitad).

El verde se observa en las calles, pero también en los más de 60 parques y paseos disponibles. De todos ellos, la céntrica plaza Panfilov es la que atrae mayores miradas, tanto por su estratégica ubicación como por la centenaria catedral Zenkov alojada en su interior. Construida mayormente en madera y pintada de todos colores, es uno de los pocos inmuebles que sobrevivieron al gran terremoto de 1887. A escasos metros de allí se erige la escultura que rinde honor a los 28 soldados del Ejército Rojo que murieron en 1941 defendiendo Moscú del régimen Nazi. Gigantesca por donde se la mire, es de un estilo inconfundiblemente soviético.

La marca bolchevique también se deja ver en los cientos de edificios residenciales o “microdistritos”. Al estilo de los Fonavi argentinos, se trata de complejos habitacionales destinados a la clase media, con amplias superficies de uso colectivo. Caminarlos resulta una buena fórmula para palpar la cotidianidad de la ciudad.

Es de destacar que el hombre de a pie es muy respetado en Almaty. Al deambular por los distintos barrios, no resultará una sorpresa si los autos frenan ante cada cruce peatonal. El capítulo tránsito es digno de mencionar. Es fluido, ordenado y silencioso (rara vez se oye una bocina). Una particularidad es que están permitidos los giros a la izquierda en la mayoría de las ochavas, incluso con calles doble mano. Llama la atención además la casi nula presencia de motos, una rareza si se compara con otras urbes asiáticas.

Paseos obligados

Hay más motivos que hacen de Almaty un destino único. Uno de ellos lo refleja su propio nombre, que significa “Ciudad de las manzanas”. Se cree que de allí provienen las primeras semillas de la popular fruta, que luego fueron llevadas al resto del mundo gracias al carácter nómada del hombre neolítico.

Hoy se cultivan en la zona más de 2.500 especies de manzanas, muchas de las cuales se pueden conseguir en el “Green Market”, un edificio de dos plantas donde los locales se proveen de todo lo necesario para su vida diaria. Es recomendable pasarse al menos unas horas en sus pasillos, deleitando los sentidos o probando algún producto exótico (carne de caballo o leche de camello, por ejemplo). También es un sitio recomendable para hacerse de un nutritivo y económico almuerzo antes de seguir recorriendo la ciudad.

Otra de las visitas obligadas la constituye el mencionado cerro Kok Tobe, al que se puede llegar en cablecarril, colectivo o a pie. Desde allí se obtienen las mejores vistas panorámicas, mientras se disfruta un café o se posa junto a una estatua de Los Beatles. En el lugar también hay un pequeño zoológico, tiendas de souvenirs y algunos juegos para niños.

El último de los imperdibles lo constituye el “Gran Lago de Almaty”, de donde la urbe se provee de toda su agua potable. Bañado por aguas turquesas y rodeado de una naturaleza deslumbrante, es uno de los sitios más populares entre los locales como salida de fin de semana.

Apta para todo público

En lo que refiere a costos, se puede afirmar que Almaty se adapta a cada bolsillo. En cuanto al alojamiento, solo en el portal Booking están registrados 260 establecimientos: desde una cama por 5 dólares en un hostel hasta una habitación en el Ritz Carlton (ubicado en el edificio más alto de la ciudad) por 1.000 dólares. En el medio, hoteles 4 estrellas por entre 50 y 200 dólares, o incluso departamentos enteros por menos de 100 dólares.

La convivencia de más de un centenar de nacionalidades se refleja en una larga y diversa selección de bares y restaurantes, con amplísima variedad de precios. Se puede comer un plato de plov -arroz con carne y zanahoria, un clásico de Asia Central- por menos de 1 dólar en los alrededores del “Green Market” o pedir un bife de lomo por 16 dólares en un restaurante del distrito financiero.

El transporte, en tanto, tiene una tarifa de 0,25 dólares si se cuenta con la tarjeta doméstica (sino, es el doble). Hay colectivos, subtes y tranvías que llegan hasta cada punto de interés turístico.

Se agranda la familia

Rosario tiene una larga tradición en lo que refiere a política de hermanamientos con ciudades extranjeras. Almaty se convertiría en el municipio número 23 en sumarse a una lista que ya integran Montevideo, Porto Alegre, Medellín, Valparaíso, Asunción, Torino, Bilbao y Shangai, entre otros. La primera en sumarse a la “familia” rosarina fue la peruana Pisco, en 1986.

Pensados para fomentar el contacto humano y los enlaces culturales, este tipo de alianzas tiene su origen a mediados del siglo pasado, cuando tras la Segunda Guerra Mundial la Unión Europea comenzó a promoverlos con el objetivo de aportar a la población mayores vínculos y de apoyar proyectos en beneficio mutuo.

El hermanamiento entre la localidad santafesina y la asiática está siendo promocionado por el Centro Cultural de Kazajistán en Rosario, una institución pensada “para representar al país con honor, dignidad y una razonable presencia edilicia”, según afirma su presidenta Irina Vagner. Su sede se encuentra en San Luis 2896, donde prontamente comenzará a funcionar en simultáneo el Consulado Honorario, a cargo del ingeniero Gustavo Gutiérrez.

Un destino que no descansa

Aunque la mayoría de los turistas llegan a Almaty entre marzo y octubre, la ciudad ofrece en los meses más fríos un atractivo no menor: la posibilidad de practicar deportes de invierno en complejos de nivel internacional.

El primero es conocido como Medeu y se encuentra a tan solo 8 kilómetros del casco céntrico (se puede llegar en bus urbano). Se trata de una pista de patinaje sobre hielo al aire libre ubicada a 1691 metros, cifra que la transforma en la más alta del mundo. Fue construida entre 1949 y 1951 y si bien hoy usa suelo artificial, en sus inicios utilizó hielo natural. A los locales, que suelen venir a patinar hasta en las más frías noches de invierno, les encanta mencionar que allí se registraron muchos récords mundiales.

El otro sitio de relevancia turística es la pista de ski Schymbulak, ubicada unos 18 kilómetros más allá de Medeu. El complejo, que tiene tres niveles, alcanza una altura máxima de 3.200 metros sobre el nivel del mar. En el lugar hay un hotel 4 estrellas y una escuela de ski y snowboard.

Tanto Medeu como Schymbulak fueron sede en 2011 de los Juegos Asiáticos de Invierno, el mayor evento jamás celebrado en Kazajistán. A principios de 2017 alojaron también a los Juegos Universitarios de Invierno, una competencia que congregó a 56 naciones y más de 1.600 deportistas.

Juan Chiummiento